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miércoles, 9 de julio de 2008

PRESENTACIÓN del libro en NÁJERA

(La Rioja)


El martes, 8 de julio, presenté El Día de Barcelona en el local de CajaRioja de la ciudad de Nájera. El acto fue organizado por la Asociación de Amigos de la Historia Najerillense y, la verdad, nos lo pasamos bastante bien. Hablamos de El Día de Barcelona y de esa continuación que pronto podría empezar a tomar forma.

lunes, 16 de junio de 2008

PRESENTACIÓN del libro en LOGROÑO

(Local de la CNT)


El sábado, 14 de junio, presenté El Día de Barcelona en el local increíble que la CNT tiene en la ciudad de Logroño. Entre otras muchas estancias, alberga un teatro que aún conserva un frontispicio de 1931 con las siglas del sindicato en el centro. E. Alcalde me hizo una entrevista para El Correo que transcribo literalmente.


ENTREVISTA en el periódico “EL CORREO”


«Sí, hubo una revolución anarquista española»

Título: 'El día de Barcelona (crónica del inicio de una revolución)'.

Autor: César Galiano Royo (najerino nacido en Palencia, autor también de la obra 'El exilio está aquí', y con una amplia carrera en el mundo del cómic y la ilustración).


Todo empezó con una conferencia en Gerona en 2002, del histórico escritor anarquista Abel Paz. Éste habló del desconocido término 'revolución española', que despertó el interés del escritor riojano César Galiano. De ahí, seis años después, Galiano ha mutado ese interés en el libro 'El día de Barcelona', un relato riguroso en su documentación y novelado en desarrollo, que abarca las 33 horas que duró la revolución anarquista de Barcelona en julio de 1936, que subordinó la sublevación nacional. Ayer lo presentó en Logroño.

-¿Qué es la revolución española?

-Yo me quedé patidifuso cuando se lo oí a Abel Paz. Empecé a documentarme y sí, hubo una revolución anarquista española: desde el inicio de la Guerra Civil del 36 hasta junio del 37, sobre todo en Cataluña y Aragón, donde se organizó todo el mundo de forma diferente. Es algo que además se ignora, no interesa destaparlo.

-El título es de lo más explícito, ¿busca arrojar algo de luz?

-Sí. La obra habla de un día, 33 horas. Es lo que necesitó el pueblo de Barcelona, no el presidente Companys, para aplastar la sublevación, sin armas. Entonces en Barcelona había 300.000 anarquistas. En el texto se detalla casi minuto a minuto.

-¿Qué incidencia real tuvieron esas 33 horas en la historia?

-Toda. Los anarquistas se hicieron los amos de Barcelona, y de Cataluña. Tanta fue su influencia, que aquel mismo noviembre subieron, por primera y única vez en la historia, cuatro anarquistas a ministerios del Gobierno.

-El libro, ¿es una novela histórica o un relato histórico novelado?

-Creo que tiene un poco de todo. Me gusta definirlo como crónica novelada. Creo que es más preciso, porque la novela histórica suele tener más de ficticio, y en este caso creo que hay más de historia. Casi cada movimiento de los personajes está documentado, salvo los ficticios. Pero éstos 'cantan', están ahí para dar vida a la novela, sacarla del simple ensayo.

-Con todo, es complicado hacer creíble ese diálogo ficción-realidad.

-Muy complicado. La empecé varias veces, y viendo la montaña de datos, personajes..., pensé varias veces 'que lo escriba otro'. Al final, fue curioso, porque enfermé de cáncer de laringe en 2006; y durante el tratamiento escribí el libro. Ahora no sabría decir cómo organicé todos los datos. De hecho, el lector percibe ese barullo, aunque no se embarulla.

-Resulta peligroso trabajar con personajes reales, novelarlos.

-Los toco poco. He procurado respetar la personalidad de cada uno. He procurado mantenerme en un punto objetivo, que no neutral, ojo. Creo que nadie puede ser neutral en algo como la Guerra Civil.

-Acabada su obra, ¿es crítica, adoctrinante o documental?

-Trato que sea un documental. Ahora, he dicho que no soy neutral, se me ve el plumero, no lo niego. Hay veces que cuando nos ceñimos exclusivamente a la realidad, la gente no se la cree. En cambio, un personaje de ficción es siempre de una forma, y es necesaria esa coherencia de comportamiento para darla al resto.

(La foto es de R. Lafuente y también apareció en El Correo)

lunes, 9 de junio de 2008

PRESENTACIÓN del libro en MADRID

(Librería La Malatesta)


El pasado viernes, 6 de junio, presenté El Día de Barcelona en la librería La Malatesta de Madrid. Estuvimos hablando cerca de dos horas y, entre otros asuntos, surgió la posibilidad de escribir la segunda parte de la trilogía sobre la revolución anarquista. Al parecer, a la Fundación Anselmo Lorenzo le gustaría publicar esa segunda parte y, para ello, ha puesto a mi disposición sus archivos interminables. De ese modo tendré acceso a una documentación excepcional y podré continuar con la historia de la Columna Durruti y los demás idealistas.

jueves, 14 de febrero de 2008

V
LOS ESCENARIOS DE LA BATALLA

(19 de julio de 1936. Barricada del Paralelo)


La verdad es que no es fácil narrar una batalla que sucede a la vez en diferentes escenarios de una misma ciudad. La acción no cesa en ninguna parte y el autor debe componérselas para ir de un sitio a otro sin que los personajes se enfríen y tratando de que el lector comprenda lo que está pasando. Es como llevar una cámara al hombro y trotar por las calles de la ciudad en busca de los lugares más importantes de cada momento. Eso sin olvidar los que va dejando atrás, claro, los que ya ha grabado con la cámara y debe recuperar de vez en cuando para ver qué ha sucedido en su ausencia.

Naturalmente, es posible hacerlo y hacerlo bien sin conocer la ciudad. Benito Pérez Galdós era un especialista en esos menesteres. Sobre plano, sin haber pisado jamás las calles de las ciudades donde ambientaba algunos de sus Episodios Nacionales, era capaz de hilar la trama formidablemente bien y de hacer creer al lector que conocía al dedillo cada calle, cada plaza y cada rincón donde se movían sus personajes. Pero no ha sido mi caso en esta ocasión. Durante unos años viví en Barcelona y conozco los sitios donde tuvieron lugar los tiroteos y demás acciones de la novela.

En 2004 hubo una iniciativa muy interesante que, según tengo entendido, ha ido repitiéndose año tras año. Se trata de un recorrido en autobús por los lugares más representativos de la lucha anarquista en la ciudad. Se llama Barcelona Roja y Negra, pero no sé si continúa haciéndose. Es un buen medio de conocer la historia del anarcosindicalismo y, por supuesto, también algunos de los lugares emblemáticos de la batalla de Barcelona.

Creo, sin embargo, que la multiplicidad de escenarios no impide que el texto se lea correctamente. Así me lo han dicho quienes han leído el original. Espero que los demás lectores opinen lo mismo. Según me han cometado los de la editorial, la Fundación Anselmo Lorenzo, ya no habrá que esperar mucho para que la novela vea por fin la luz.


sábado, 10 de noviembre de 2007

IV

LA NOVELA, A PESAR DE TODO

Pero llegaron los malos vientos. Graves problemas familiares desviaron el rumbo de mis inquietudes y mis proyectos dejaron de serlo, al menos, de momento. Después me quedé sin trabajo. Pasé un año y medio volcado en el arte de existir, conocí a gente muy valiosa y disfruté de nuevas vivencias, pero no escribí ni una línea. Parecía que no pudiera pasar nada más cuando, en una visita al médico que yo creía sin importancia, me detectaron un tumor en las cuerdas vocales; o sea, un cáncer.

Con ayuda de mi compañera pude vencer a la enfermedad. Fueron cuatro o cinco meses de pruebas, ya que los primeros médicos pretendían dejarme sin voz para siempre, y otros cuatro meses y medio de radio y quimioterapia. Para evadirme amontoné sobre la mesa los apuntes que había ido tomando y empecé a escribir. El día 12 de abril me dijeron que del cáncer solo quedaba el recuerdo, que conservaría la voz y que, si seguía comportándome como es debido, podría seguir viviendo como cualquiera. Eso sí: sin fumar. Un mes más tarde, más o menos, terminaba el relato.

La verdad es que no sé cómo pude ni siquiera poner orden en los datos que tenía. Se me haría difícil hoy en día, sin medicaciones, sin calmantes, sin efectos secundarios de la quimioterapia y sin amenazas de operaciones brutales que ya no deberían tener cabida en nuestra época y, sin embargo, siguen haciéndose. Pero el texto fluyó. Mientras escribía el relato continuaba documentándome sobre aquellos tres días de julio. A veces tenía que volver a lo ya escrito para rectificar alguna secuencia sobre la marcha. No era nada grave. La estructura fragmentada de la obra me permitía ir hacia delante y hacia atrás a mi conveniencia. Y, como digo, poco más tarde de saber que estaba libre de peligro, envié el texto a varias editoriales. Pronto, al cabo de un mes, respondieron de la Fundación Anselmo Lorenzo. Estaban dispuestos a editar el libro.


viernes, 9 de noviembre de 2007

III

LOS VARIOS INICIOS DE LA NOVELA

Según creo recordar, estuve horas mirando el título del futuro libro, sopesé pros y contras, evalué mentalmente el trabajo que tenía por delante y, al final, me dije: Que lo escriba otro. De pronto se me hacía todo muy cuesta arriba. Debía poner orden en la documentación, estudiar y definir la personalidad de un montón de personajes reales, moverlos a la vez por los diferentes escenarios donde tuvo lugar la batalla, crear e introducir unos cuantos personajes ficticios para ayudar a la comprensión del relato y, por si eso fuese poco, tratar de que no se me fuese de las manos y se convirtiese en un rollo infumable para los lectores. Era demasiado.

Al día siguiente volví a la carga y conseguí escribir un párrafo. Luego otro. Y otro. Mientras tanto continuaba buscando y leyendo libros acerca de aquellas treinta horas de guerra en las calles de Barcelona. Empecé a plantearme que hubiese medio centenar de personajes secundarios y, siguiendo los consejos de John Ford, que estuviesen mejor definidos aún que los protagonistas. Eso es esencial a la hora de escribir un guión o una novela, y mi relato iba a tener algo de ambas cosas. Los personajes secundarios son el alma de la historia, son torpes, a veces meten la pata y por eso el lector se identifica con ellos fácilmente. El protagonista siempre está muy alto, es perfecto. En cambio, los que le rodean… bueno, todo el mundo sonríe al hablar de Obèlix, por ejemplo; y Astèrix, en cambio, no le dice nada a nadie. ¿Quién recuerda a Tintín con más cariño que a los Hernández y Fernández, el Capitán Haddock o Tornasol? Tanta es la importancia de los personajes secundarios que existe una novela cuyo título los nombra y olvida al protagonista: Los Tres Mosqueteros. ¿Iba a escribir una novela compuesta sólo de secundarios? Casi.

Escribí unas veinte páginas. El texto empezaba bien, con bastante contundencia y lo que me parecieron pinceladas apropiadas para atrapar al lector. Enganchaba. Pero una vez resuelto ese principio volví a quedarme en blanco. Había mucho por delante y la información de que disponía no era suficiente. Era muy consciente de que un frenazo para buscar más documentación podía mandar al traste todo el proyecto, pero no me quedaba más remedio. Había empezado a escribir antes de tiempo y tenía que pagar ese error propio de novatos.

Lo malo es que pasaron dos años y medio. Durante ese tiempo hice otras muchas cosas, claro, pero El día de Barcelona continuaba rondándome en la cabeza como exigiendo que volviese a tenerlo en cuenta. Sin embargo, y como suele suceder en esos casos, no sabía cómo continuar. Debía volver a empezar o, por lo menos, escribir de nuevo lo escrito para meterme en ambiente. Me lo propuse. Seguía pareciéndome una buena idea y tenía ganas de llevarla a cabo.

(La mancha de arriba está extraída de bananamoon.wordpress.com)


jueves, 8 de noviembre de 2007

II

LA DOCUMENTACIÓN DEL 19 DE JULIO

El libro de Abel Paz me cautivó. Describía los prolegómenos del enfrentamiento en los cuarteles, en las calles, en los edificios oficiales de la ciudad de Barcelona y después, de un modo cronológico y más o menos minucioso, se extendía en la narración de la batalla. Creo que desde las primeras páginas supe que ese texto iba a servirme de punto de partida para escribir una novela, un ensayo o ni sabía qué. También me di cuenta de que la tarea iba a conllevar un esfuerzo brutal durante meses. Y es que, al parecer, en aquellos días de julio del 36 no hubo solo dos bandos como me habían repetido unos y otros hasta la saciedad. Tampoco el reparto de fuerzas estuvo tan claro. Yo sabía que al menos una parte de la Guardia Civil se había puesto de parte del pueblo, pero ignoraba que también algunos mandos militares defendieron la República, que otros cuantos Guardias de Asalto apoyaron a los sublevados cuando empezaron los tiros, que la Generalitat tenía un punto de vista diferente al del gobierno de España y que, enfrente de todos ellos, había trescientos mil anarquistas dispuestos a llevar a cabo la revolución social que soñaban desde hacía años. Claro. ¿Cómo había podido ser tan tonto para creer en buenos y malos?

Sin embargo se trataba de un único libro, una única fuente de información. Me gustó, ya lo he dicho, pero el autor era anarquista y tal vez toda la información estuviese teñida de rojo y negro. Era necesario buscar más documentación y contrastarla. O sea que empecé a leer libros, artículos de revistas y periódicos escritos por anarquistas, comunistas, fascistas y, con especial atención, periodistas e historiadores extranjeros. Al cabo de unos meses no me cabían dudas. Si bien con algunas incorrecciones y lagunas, el texto de Abel Paz se ajustaba con bastante precisión a lo que sucedió.

En mi búsqueda de información tuve la suerte de dar con dos personas a quienes debo mi agradecimiento de una manera especial. El primero es José Ramón Arias. Sin apenas conocerme, me envió algunos libros descatalogados que de ningún otro modo habría podido conseguir. Gracias a él pude leer un par de obras de Abad de Santillán y el famoso Eco de los Pasos, la autobiografía de Juan García Oliver. El otro personaje fue Wilebaldo Solano, líder de las juventudes del POUM durante la batalla de Barcelona. Su información de primera línea me proporcionó muchos detalles esenciales para elaborar la imagen de la ciudad antes y durante la batalla. No en vano conoció a Durruti y a algunos otros militantes de la CNT y la FAI.

Ya tenía buena parte de cuanto necesitaba. Quería más de todo, más libros, más fotos, pero podía empezar a escribir un primer borrador mientras seguía rebuscando en los cajones más ocultos de los centros de documentación. Me senté ante los montones de libros y papeles amontonados sobre la mesa, conecté el ordenador y escribí: El día de Barcelona.

(En la foto, Andreu Nin y Wilebaldo Solano. La imagen está extraída de www.fundanin.org)

miércoles, 7 de noviembre de 2007

I

UNA REVOLUCIÓN ANARQUISTA

A finales del año 2001 asistí con un amigo a la conferencia que dio Abel Paz en la Facultad de Historia de la Universidad de Girona. Era uno de los actos programados con motivo del centenario del nacimiento de Juan García Oliver, aquel legendario anarquista que alternó el delantal de camarero con la teoría revolucionaria, la cárcel y el revólver. Supongo que, con nuestros casi cuarenta años, mi amigo y yo desentonábamos en medio de una veintena de estudiantes nacidos después de la Transición y que a duras penas debían saber quién fue Franco. Abel Paz, o Diego Camacho, o como quiera llamarse ese individuo que necesitó seis nombres para salvar el pellejo en un pasado, se dio cuenta inmediatamente de cuál era la situación y, en lugar de lanzarse a hablar del tema previsto, preguntó a bocajarro:

—¿Habéis oído hablar de la Revolución española?

Se produjo un silencio. Los estudiantes se miraron unos a otros con una sonrisa en los labios y como diciendo: ¿De qué habla el abuelo éste? Mi amigo y yo también nos miramos, pero no nos atrevimos a sonreír. Ninguno de los dos habíamos oído hablar jamás de tal cosa.

—¿No? —insistió Abel Paz—. ¿No sabéis nada de la Revolución española? ¿Y qué os enseñan entonces? ¿Os suena la Guerra Civil?

Eso sí nos sonaba, claro. No en vano nos tocó vivir aquella Transición que pudo ser el epílogo de la guerra y que, por cierto, no fue tan ejemplar como la imagen que nos han intentado vender más tarde. Abel Paz, con sus ochenta y pico años a cuestas, habló de un modo más bien disperso, como si estuviera en una tertulia entre amigos. Lo cierto es que no recuerdo con precisión su discurso. Me había cegado el primer mensaje. ¿Una revolución anarquista? ¿Y en España? No soy ningún inculto. A lo largo de mi vida he leído muchos libros, muchísimos, y el estudio de la historia de nuestro país es una afición que he ido cultivando a mi aire aunque apenas sin descanso. Entonces, ¿cómo era posible que nunca hubiese oído hablar de ninguna revolución española? ¿Por qué? Me sonaba haber leído algo acerca de ciertas comunidades anarquistas en la Cataluña de la Guerra Civil, pero afirmar que en ese entonces se produjo una revolución parecía el comentario de un iluminado. Una Revolución anarquista, me repetía una y otra vez.

Al salir compré uno de los libros que Abel Paz expuso sobre la mesa. Lo había escrito él y se titulaba 19 de Juliol del 36 à Barcelona. Al empezar a leerlo me di cuenta de que ése podía ser el punto de partida de algo nuevo.

(Sigue en La Documentación del 19 de julio)

(En la foto, Abel Paz. Imagen extraída de www.zmag.org)